Ni Harry Potter, ni el mago de OZ, ni doña Güera la de los esquites pudieron hacerlo
San Andrés Tuxtla, Ver.- Tal vez “naiden” se acuerde (si, ya nos percatamos que está mal escrito, pero es un homenaje al fino léxico de toda la rancherada de nuestras comunidades cercanas) pero “SI” existieron semáforos en la ciudad. Y la pregunta que nos ha quitado el sueño por varias noches es: ¿Alguien sabe quién desapareció estos aparatos con tres lucecitas?
La verdadera neta del planeta es que, antes de que misteriosamente se esfumaran los semáforos, estos eran de grandísima utilidad en la vialidad, y no es por menospreciar a los agentes de tránsito, que también hacen lo suyo cuando están paraditos en las calles con su “pitito” que mueven para aquí y para allá, pero no podemos seguir estancados en la mediocridad y en la época de la barbarie. Por eso te recomendamos que pongas a tus santos de cabeza para ver quién nos hace la buena, o encadénate a un poste, bájate los chones y haz huelga de hambre, quien sabe y si con estas acciones vuelven aparecer nuestros entrañables semáforos.
San Andrés Tuxtla, Ver.- Tal vez “naiden” se acuerde (si, ya nos percatamos que está mal escrito, pero es un homenaje al fino léxico de toda la rancherada de nuestras comunidades cercanas) pero “SI” existieron semáforos en la ciudad. Y la pregunta que nos ha quitado el sueño por varias noches es: ¿Alguien sabe quién desapareció estos aparatos con tres lucecitas?
La verdadera neta del planeta es que, antes de que misteriosamente se esfumaran los semáforos, estos eran de grandísima utilidad en la vialidad, y no es por menospreciar a los agentes de tránsito, que también hacen lo suyo cuando están paraditos en las calles con su “pitito” que mueven para aquí y para allá, pero no podemos seguir estancados en la mediocridad y en la época de la barbarie. Por eso te recomendamos que pongas a tus santos de cabeza para ver quién nos hace la buena, o encadénate a un poste, bájate los chones y haz huelga de hambre, quien sabe y si con estas acciones vuelven aparecer nuestros entrañables semáforos.

